Demasiado. Muy fuerte. Aún más fuerte. ¡Y todavía más!

Ese hombre tenía cuerda para rato. Bueno, seamos explícitos. Cuerda, no. Lo que ese señor tenía eran mocos para rato.  Mi madre siempre me ha recalcado que lo de sorber los mocos es una cosa muy fea y poco sana. Es más, siempre me ha recordado lo valioso que es llevar un paquete de pañuelos de papel en el bolso, por eso del “nunca se sabe”.

No exagero si digo que este individo se tiró más de cinco minutos atrayendo hacia dentro su propia mucosidad nasal. ¡El tío no paraba! Lo que tampoco paraba era ese sonido pringoso. Retumbaba sin parar a lo largo y a lo ancho de todo el andén de Colonia Jardín. Además hacía eco.

Intentaba centrarme en el periódico. Imposible. Estaba centrada en cómo ese tipo movía la boca saboreando todo aquello que sorbía. Era repugnante.

¿Me acerqué a darle uno de los pañuelos de papel que tenía en mi bolso?

No.

Moraleja: ¿Cuántas veces aguantamos cosas que no soportamos con tal de no pronunciarnos?

 

 

Os dejo un poco de música para reflexionar.

 

Lykke Li – This Trumpet In My Head

Advertisement